Permitamos las semillas

Dante Gabriel Jiménez Muñoz Ledo

Viernes 3° Ordinario. Marcos 4, 26-34.

 

También decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, enseguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega”. Decía también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra”. Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se los explicaba todo en privado.

 

Jesús continúa a exponer en clave, el secreto del Reino. Como vamos entendiendo, utiliza imágenes y situaciones de la vida cotidiana, para indicarnos que los valores del Reino han de ser el fundamento de cuanto somos y hacemos. Implica reconocer la primacía de Dios Padre en nuestra vida; si hacemos posible su voluntad, si permitimos que reine, que ejerza su señorío, entonces daremos fruto, como la semilla plantada en la tierra; o seremos sombra para muchos, como la semilla de mostaza, cuyas ramas son grandes.

 

Pero pongamos atención al sentido de lo secreto. El Reino de los cielos no sucede solo en la idea de “cielo” que pudiéramos tener; es decir, el cielo como una altura que está por encima de nosotros. El cielo indica, además de un espacio infinito, nuestra interioridad; ese espacio como campo, en el que Dios ha sembrado algo pequeño y escondido, que a la vez tiene una fuerza vital que nadie puede suprimir.

 

Igual que en la semilla de la tierra, nuestra semilla del Reino, superará los obstáculos, mientras parece que dormimos, se desarrollará y su fruto madurará. Este es el sentido personal del Reino. Su aspecto social, se ve en la semilla de mostaza. Puede parecer pequeño, y de aspecto modesto, pero es capaz de romper con lo que todos esperan, excluye la ambición de triunfo personal y de esplendor social, para servir a cuantos lo requieran.

 

¿Cuál es mi mejor semilla? ¿Cómo puedo ser sombra para otros?

 

Permitamos la semilla, permitamos el pequeño y secreto tesoro que Dios ha sembrado en nuestros corazones. Hagamos la diferencia en una sociedad como la nuestra; que se note la insondable riqueza de nuestra vida en Dios.

 

Oración:

Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi interior. Creo que soy un campo sembrado a lo largo de mis días; al escuchar este Evangelio, me inquieta pensar que he obstruido el desarrollo de tu semilla. Remueve mi interior de amores, permite que se ventilen mis más íntimos deseos y los dones que me has dado.

Que junto con mi familia, intentemos un camino serio y mantenido de vida en tu reino, el que ahora vivimos, dentro de nosotros mismos y en medio de la sociedad. Amén.

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