Mi vida como un gran banquete

Viernes 22° Ordinario. Lucas 5, 33-39

~ En aquel tiempo los escribas y fariseos le dijeron a Jesús: “Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben”. Jesús les dijo: “¿Pueden acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días”. Les dijo también una parábola: “Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en odres viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los odres se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’”. ~

Gracias a que los escribas y fariseos reclaman el ayuno de los discípulos de Jesús, tenemos esta idea del cambio de alianza en el pueblo de Israel. Jesús se presenta como el novio de una alianza nueva. Y si Él es el novio, mientras esté en el mundo, sus amigos no tienen por qué ayunar. Su vida pública se asemeja, por ahora, a un gran banquete de bodas. Los días que vendrán en que les será arrebatado el novio y en los que sí ayunarán, aluden a los tres días entre la muerte y resurrección de Jesús, que están por venir.

Queda claro que si los discípulos de Juan ayunan igual que los fariseos, es porque no reconocen el cambio de alianza anunciado por su maestro. Se han quedado en una costumbre institucional y no están yendo a la vida nueva de Jesús.

Igual que en aquel tiempo, hoy mismo parece que la fuerza de la costumbre nos hace rechazar el cambio, la novedad. Sin embargo, frente a este Evangelio, estemos dispuestos a un llamado que no caduca ni se institucionaliza. Vivamos la novedad y la libertad de nuestra fe; si Jesús es nuevo para nosotros, seamos nuevos para Él. Hagamos una alianza de amor adecuada a nuestras circunstancias. Vivamos la vida como un banquete de bodas en el que participamos de la alegría de Jesús, como novio que nos muestra la belleza de su esposa, la esperanza de la vida futura y el gozo de experimentar, desde ahora, el amor infinito de Dios.

No nos institucionalicemos en una práctica caduca de nuestra fe; vivamos la vida como la más bella fiesta de amor de Dios y de los hombres. Nos queda mucho por vivir y por amar.

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Oración:

Señor Jesús, ¡qué aprisa pasa la vida! Reconozco que no siempre la he vivido con alegría. Recién hoy he descubierto que tu Evangelio nos lleva de la mano para vivir la vida como un gran banquete de bodas. Déjame acompañarte como amigo. Quiero dar de mí, igual que un odre nuevo.

Permite que junto con mi familia vivamos la vida como una gran fiesta y gocemos continuamente de tu amor. Amén.

retama

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