Libres para hacer el bien

Viernes 30° Ordinario. Lucas 14, 1-6

~ Un sábado entró Jesús en casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, y ellos lo estaban observando. Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los maestros de la ley y a los fariseos: “¿Es lícito curar en sábado, o no?”. Pero ellos se quedaron callados. Entonces lo tomó, lo curó, y lo despidió. Y a ellos les dijo: “¿A quién de ustedes se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?”. Y no pudieron replicar a esto. ~

Es la tercera vez que un fariseo invita a Jesús con segundas intenciones (7,36; 11,37), ellos lo estaban acechando. Jesús, que sabía muy bien de esta trampa, se les adelanta, y antes de curar al hidrópico los pone en cuestión respecto de la interpretación de la ley: ¿Es lícito curar en sábado, o no? Es que conocía muy bien los 39 trabajos que prohibía en sábado la tradición rabínica, inscrita en la mishná; según la cual, curar se consideraba un trabajo, como ejercicio de la medicina.

El planteamiento es implacable: ¿el valor absoluto es la ley religiosa o el bien del hombre? Aquellos guardan un silencio de mala fe; no les interesa conceder en lo mínimo a las interpretaciones liberales que Jesús hace de la ley.

Como ellos callan, Jesús cura haciendo más obvio que el valor absoluto no es la ley religiosa, sino el bien del hombre. Y despide al hidrópico, antes de que el mal influjo de los fariseos lo vuelva a enfermar.

Todavía no termina Jesús con su corrección a la clase farisea. Siendo que ellos se dispensan de la ley que impide trabajar en sábado cuando son tocados sus intereses: como cuando se les cae un niño o un buey al pozo en sábado. Los vuelve a confrontar, ante lo cual ellos no tienen palabra alguna para responder. Nuevamente un silencio de mala fe, que muestra la debilidad de la postura legalista.

Nosotros hoy, después de dos mil años, podríamos pensar que estamos libres de esta casuística, que ya no tenemos estos preceptos anquilosantes en nuestras legislaciones. Sin embargo, existen nuevas formas de evadir la propia responsabilidad sobre los demás ante Dios; y como sociedad, tenemos nuevos e innumerables códigos con los cuales pervertimos la ley.

En el centro está la libertad para hacer el bien. Esta sola expresión llevada a la vida bastaría para ir venciendo las reticencias al valor absoluto, que es el ser humano y la bondad que Dios ha puesto en nosotros para vivir de manera trascendente.

Seamos libres para hacer el bien; las dobles intenciones de nuevos legalistas y las leyes injustas son algo de muy poco valor.


Oración:

Señor Jesús, al escucharte en tu Palabra, me siento descubierto cual nuevo fariseo. Considero que en más de alguna ocasión he manipulado las leyes en favor mío, que no fui del todo consciente o no me importó el mal que provoqué a otras personas. Ayúdame a ser generoso, a descubrir la necesidad de obrar el bien en cualquier lugar, tanto en mi entorno laboral y social como familiar.

Permite que en mi familia apostemos siempre en favor de la persona humana, que gocemos de la libertad que nos das para hacer el bien, y que nos liberes de tantas anquilosantes y obsoletas leyes que no favorecen el desarrollo del ser humano. Amén.

retama

 

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